lunes, 12 de diciembre de 2011

Extracto de un año luz antes del primero

Me quedé innovado frente a las palabras finales y el notable silencio del Dínamo.

La luz y el fuego que bifurcan el cielo todavía me desquiciaban, y el miedo dentro de mi mente hechó raíces una vez más.

Le pregunté al Dínamo desvaneciente acerca de la llama serpenteante, que aparentaba mantener una vida al margen de la Trinidad, y parecía más fuerte que sus fuerzas combinadas.

Cuestioné en voz alta al fuego infernal, que envolvían como lianas hirvientes a las nubes, las iluminaba con un brillo etéreo y se disparaban con toda la velocidad del ojo parpadeante, perdido en la conciencia y tratando de contar segundos.

Fui respondido con un pulso estable, el ritmo de las olas que giraban lentamente sobre el altar espumeante de ensueño dentro de la estructura hundida que no tenía principio ni fin, salvo la fatiga de la imaginación inmortal.

Cuando dejé el mar, la salmuera y las ondeantes crestas, el leve resplandor y la sorpresa todavía se esparcían por mi carne. Todavía podía sentía el tirón del gran desconocido Dínamo.

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El Dínamo es eso que nos lleva a cometer nuestros actos, ya sean bondadosos, malvados o irónicos, ingenuos, temerosos o nulos. Eso que nos consume el alma y la energía cuando nos quedamos en casa sin hacer nada de lo que queríamos hacer; eso que nos destruye el ser cuando las cosas no salen como queríamos, por más simple que haya sido eso que queríamos.

El miedo es algo que se soluciona con luz, que aclara lo que vemos, o nos muestra lo que no. Pero las raíces están bajo tierra, y solo excavando podrán ser vistas.

La Trinidad: padre, hijo y espíritu santo; fuego, agua y aire; sentido, pensamiento e intuición; miedo, valor y dínamo.

La pregunta es universal, toma diferentes formas, pero su esencia es la misma: la duda. Sin duda no hay existencia, el Dínamo no permite la ignorancia total ni el conocimiento absoluto. Así, se nos muestra la respuesta: paciencia. Un ritmo lento que paulatinamente nos lleva a la superficie.

Tal vez me separen seis trillones de millas de aquello que debo aguardar, o tal vez sea un fantasma azul que aparece y se muestra recurrentemente delante mío sin que yo lo descubra. De todas formas, habrá que esperar.

martes, 8 de noviembre de 2011

Agaetis Byrjun (Pt. 3)

Por qué tanta teoría no la vemos aplicada? Será que no queremos cumplir nuestros sueños? Será que preferimos aceptar nuestra realidad tal cual es y conformarnos con la lista de ilusiones rotas? Lo dudo. Miedo, tal vez?

La diferencia entre decirle a esa mujer que la querés como más que tu amiga, ponerle llave a la puerta de tu casa y organizar un mes de compras en una hora es prácticamente nula. El común denominador no deja de ser la inseguridad eterna.

Qué tal si aprendemos a manejar el miedo? A convivir con él y hacerlo parte de nosotros, más como un guía que como una amenaza. Yo creo que ese es un comienzo aceptable.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Agaetis Byrjun (Pt. 2)

Y la esperanza? Se fue, junto a la ilusión y la realidad.
Dónde están? A decir verdad, siguen ahí, pero no van a aparecer mientras creas que algo puede pasar de la nada, que todos los finales van a ser como vos quisiste, y que la gente y las relaciones se van a mantener constantes durante mucho tiempo.

Sin realidad no hay ilusión. Encontrarla a ella nos va a llevar directo a su hipnotizante hermana. Lamentablemente, es difícil encontrarla, si es lo que nos rodea y nos impone su circunstancia. El tema sería encontrar la "esencia" de la realidad, el núcleo verdadero de eso que limita y provoca nuestra vida.

Acaso está la realidad en los "amigos para siempre"? En los amores no correspondidos? En la nada y el silencio? Tal vez esté en la transparencia, en el reflejo inalterado de las cosas; después de todo, sería irónico que la realidad no se muestre tal cual es.

Supongamos que encontramos nuestra realidad. Es fácil ver ahora que la ilusión no es más que el sombrío complemento de lo anterior, lo que llena los espacios vacíos (y rotos), o simplemente el deseo insulso de una vida sin cambios, en el supuesto caso de una realidad apetecible.

Ahora sabríamos qué tenemos, qué no, y qué queremos. Así, podríamos forjar la esperanza de que ambas se mezclen y confundan, dándonos la satisfacción de una realidad gustosa (y adulterada) y una ilusión completa (y por lo tanto, ya inexistente).

Agaetis Byrjun (Pt. 1)

Basicamente, nos controla el miedo. Ni el hambre, ni el sueño, ni el instinto sexual. El miedo.

Miedo a estar solos, miedo a estar aburridos, miedo a sentirnos mal, miedo a lo desconocido, miedo a lo que nos acecha.

Miedo a no saber como empezar, ni como seguir.